Rafael Oncala de Quinta nació en Algeciras en 1952. Comenzó a practicar yoga siendo adolescente, en una época en que la disciplina era prácticamente desconocida en España y generaba cierto escrutinio social. Se practicaba en pequeños círculos de confianza, en casas y locales discretos, lejos de cualquier visibilidad pública. Él ya estaba ahí.
Con más de veinte años de práctica a sus espaldas, Rafael viajó a la India para completar su formación bajo la tradición Sivananda. Permaneció dos meses en el ashram Yoga Vedanta Forest Academy, en Kerala, donde obtuvo la certificación oficial como instructor.
No fue a descubrir el yoga. Fue a formalizarlo.
A lo largo de su trayectoria, Rafael ha impartido clases gratuitas en entornos comunitarios e institucionales —ámbito sanitario, programas para personas mayores, contextos de inclusión social— sin más motivación que la práctica en sí. Una extensión natural de lo que aprendió en la tradición Sivananda: el servicio como parte del camino.
Durante décadas, Rafael desarrolló su vida profesional en el sector industrial y técnico. El yoga nunca fue su trabajo. Era su práctica, su constante, su espacio propio. Esa separación —lejos de restarle valor— es precisamente lo que hace auténtico su recorrido.
Con setenta y tres años, Rafael sigue impartiendo clases. No por obligación ni por negocio, sino porque quiere. En grupos reducidos, con alumnos de confianza, en un espacio sencillo y sin pretensiones. Una vida entera dedicada al yoga. Y todavía en marcha.
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